Capítulo 2 – Eric (II)

Pasaron de este modo varias horas, incapaces de moverse, presos de un terror que les atenazaba aún más que el intenso frío que arreciaba la noche.
Gritos lejanos y el reflejo de la luz de un gran fuego en dirección al centro de la ciudad les despertaron del profundo shock en que estaban inmersos.Poco a poco, con sumo, cuidado, buscando las sombras que la noche les proporcionaba, vagaron por las estrechas y angostas calles.
Eric, con Todd entre los brazos. Siloy por su parte más por desesperación de buscar a sus familiares que por curiosidad, fue moviéndose y guiándoles en dirección a los aterradores gritos de mujeres y hombres, así como los desgarradores llantos de niños, entre las sádicas risas y demoniacas carcajadas de hombres.
A cada paso que daban un olor a carne chamuscada y a muerte cada vez más fuerte, les embargaba.
Finalmente asomaron a un callejón estrecho, bañado por el resplandor de una enorme pira.
Este callejón desembocaba en la plaza principal de la ciudad de Targoviste. Y ya desde allí los gritos eran ensordecedores, al tiempo que sobrecogedores.
Dos figuras andrajosas se acercaron al borde del callejón, refugiándose en el portal más cercano al final de este, con intención de que al mismo tiempo les permitiera ocultarse mientras observaban qué sucedía.
Poco a poco su vista se acostumbró a la intensa luz que manaba de la plaza debido a una enorme pira que la ocupaba casi en su totalidad.
Aguantaron el fuerte olor a muerte tapándose la boca y la nariz, sufriendo la abrasadora temperatura sin casi darse cuenta debido a su alto grado de inconsciencia en esos momentos.
Todd escondía la cabeza bajo el brazo de Eric.
Poco a poco la luz fué descendiendo de intensidad, el calor dejó paso a un poco del aire frío que la noche traía consigo. El fuego se estaba apagando, y con él dejaba un respiro a la posibilidad de poder ver lo que sucedía.
Eric y Siloy observaron que las paredes de las casas que rodeaban la plaza estaban totalmente calcinadas debido al intenso calor de la pira.
Sin embargo aún no se podía distinguir aquello que ardía con tanta furia.
De repente una voz fuerte en medio de la noche.
- ¡Es suficiente!, pasemos a los siguientes. Retiradles al ritmo que vayamos necesitando más estacas. -
Cuando consiguieron ver lo que había ardido, Eric y Siloy sufrieron un nuevo golpe.
Al fin las llamas permitían ver el escabroso espectáculo que estaba aconteciendo en el centro de Targoviste.
La plaza en su totalidad estaba sembrada de estacas cercanas a los 2 metros y medio de altura, sin punta. Sobre las cuales, cada una empalaba a una persona.
Mujeres, niños, bebés, viejos y hombres indistintamente formaban un bosque de centenares de personas empaladas y posteriormente quemadas para que murieran con gran sufrimiento, procurando que dejaran sitio a los siguientes con relativa rapidez.
Caras deformadas en muecas de atroz dolor y sufrimiento contrastaban con las irreconocibles partes de cuerpos sin vida que aún se calcinaban en un espectáculo digno del mismo infierno.
Al final de la plaza mucha más gente esperaba su turno, gritando, suplicando clemencia, llorando, miles de personas inocentes sabían cual iba a ser su final.
Eric no pudo soportarlo, y le sobrevino como una ola fatal de náuseas y mareos. Empezó a vomitar sin control casi desmayándose al mismo tiempo.
Todd cayó de sus brazos y sólo la ayuda de Siloy evitó que se desvaneciese sobre el suelo.
Ambos aguantaban su rabia, su impotencia y terror al ver la dantesca escena, mientras el intenso calor llevaba consigo una fina lluvia de grasa ardiendo que procedía de los cuerpos y caía sobre ellos.
Un centenar de soldados de la guardia Moldava rodeaba a la gente y empezaba a seleccionar a los siguientes en ser ejecutados, entre golpes y gritos.
De repente, los familiares gritos de una mujer les sacó de su estado recordándoles por qué estaban ahí. Era Emily, medio desnuda, aterrorizada y ensangrentada. Al parecer la habían arrastrado por los suelos en su intento de rebelarse.
A su lado Arnold, totalmente abatido y prácticamente sin sentido, parecía estar al borde de la muerte debido a la gran cantidad de sangre que había perdido.
Finalmente Tory, llorando sin cesar, mientras la madre intentaba defender a su hijo.
Los tres serían los siguientes en ser ejecutados.
El guardia cogió a Arnold y empezó a desnudarle para proceder al empalamiento.
Eric había escuchado hablar de la brutalidad y sadismo con los que Vlad III se había ganado sus sobrenombres, y en ocasiones oyó lo que hacían para ejecutar a los traidores del modo que más le gustaba al rey.
El empalamiento consistía en introducir una estaca, acabada en plano para producir más dolor en la víctima, a través del ano o de la vagina en el caso de las mujeres, y poco a poco travesar todo el interior del cuerpo hasta extraer la estaca por la boca, o si se prefería hacer sufrir la agonía durante horas, por el hombro.
Emily chillaba sin cesar – ¡No!, ¡que el niño no vea morir a sus padres así! -
Finalmente se acercó uno de los soldados que dirijían la masiva ejecución con cara de indiferencia y una sádica sonrisa burlona dibujada en su rostro.
- Esta bien mujer, no te preocupes, tu hijo no verá nada -, el tono burlón del capitán hizo que Emily contestara con cautela,
- Gracias capitán -, pero arrancando una cruel carcajada el hombre tendió un afilado gancho de oxidado hierro a uno de sus soldados y añadió,
- Arrancad los ojos a este niño, así no verá nada -.
La mujer quedó petrificada, clavada en el suelo con la boca abierta y los ojos perdidos a lo lejos, llorando desconsoladamente y sin ser capaz de emitir el más mínimo sonido, mientras los soldados arrastraban a Arnold desnudo hacia una de las estacas más próximas.
Los soldados se dispusieron a aguantar al niño mientras procedían a extraerle los ojos con el gancho.
Cuando la punta del instrumento se acercó a la cara del niño, ni Eric ni Siloy fueron capaces de aguantar el espectáculo y giraron la cabeza al tiempo que empezaban a correr lejos, en dirección contraria a la mayor atrocidad que pudieran imaginar.
Los desgarrados lloros y gritos de Tory partieron el alma de Eric y su abuelo.
Ninguno olvidaría jamás el sonido de aquél momento, mientras corrían con los gritos de Emily y Arnold junto los lloros de Tory, el crepitar de las llamas sobre los destrozados cuerpos y una sinfonía de burlonas risas entre gritos de atroz dolor.
Eric vomitó varias veces durante su irrefrenable carrera.
No sentían frío, no sentían cansancio, no sentían el dolor de sus pies al desgarrarse contra los guijarros de las calles, tampoco la seca amargura de sus inagotables lágrimas.
Eran dos almas en pena, sin sentido ni dirección, enloquecidos, como perseguidos por el diablo, corriendo hasta salir de Targoviste, y siguieron incluso mucho después de haberla perdido de vista en el horizonte. Sólo pararon cuando los pulmones de Siloy iban a explotar y su corazón estaba punto de decir basta.
Entonces el anciano, con un hilo de voz dijo, – para Eric, si no quieres acabar solo -
Aún de noche, y con el recuerdo vívido de los gritos y el terror que acababan de vivir, ambos decidieron ir hasta Glodeni, donde con más calma y más descansados, decidirían qué hacer.
- ¡Eric, Eric, Eric!… -, la voz alarmada de su abuelo, devolvió al joven a la realidad, lo sacó del shock.
Siloy le cogía por los hombros y lo movía con violencia.
Los bruscos movimientos, junto con la fría brisa del amanecer parecieron despertar en parte al joven.
El sol empezaba a bañar el paisaje, y un poco de calor en sus doloridos cuerpos y sus destrozadas almas, no vendría mal.
Siloy abrazó con fuerza a su nieto, demostrándole que no estaba solo, mientras Todd movía la cola esperando que le invitaran a sumarse a tal muestra de cariño.
- Abuelo, ¿no notas aún el acre edor de los cuerpos? -, Eric parecía como en trance.
- Sí, la verdad es que aún lo noto -, respondió tristemente Siloy.
Eric abrió los ojos de para en par señalando en dirección a Glodeni, sin ser capaz de decir más.
Siloy giró en redondo para ver qué había visto su nieto, y quedó aterrorizado cuando sobre el bello cielo del amanecer, una enorme columna de humo les advertía del desastre.
Ambos corrieron hacia la cima de la loma que les cubría aún el pequeño pueblo.
Cuando alcanzaron una posición que les permitió contemplar el valle de su destino les faltó el aire al ver el paisaje escabroso que se alzaba ante ellos.
Toda la llanura era un bosque de cuerpos empalados, mutilados, desfigurados y prácticamente irreconocibles. Cuerpos encendidos, carbonizándose mientras algunos aún se movían espasmódicamente.
A lo lejos, del pueblo, sólo llamas y cenizas quedaban, dando la bienvenida a este nuevo día.
Algo estaba pasando en Valakia. Eric lo sabía, y pensaba que tal vez era mejor no saber más, simplemente apartarse de su paso.
brayan steven castaño dijo:
1 Abril 2009 a 8:44 pm
Eres muy hermosa emily desnuda