Capítulo 4 – Reo (II)

17 Abril 2008 at 11:30 am (Capítulo 4, Introducción)

luz

La escalofriante voz continuó con su particular tormento al joven,
- Se dirige hacia ti directamente Reo, ¿acaso no sabes qué es? -,
se burló de nuevo la voz en su cabeza.
- ¡Nooooooo! -, gritó Reo, – ¡esto no tiene sentido!, ¡¿porqué me trajiste hasta aquí?! -.
La voz de Reo era un hilo de impotencia.
- ¿Te traigo a ver el espectáculo más bello que puede observar un hombre en su vida y te quejas? -,
se rió la voz de nuevo.

Reo quedó rebosante de un sentimiento mezcla de rabia, impotencia y terror.
Apretando los puños y los dientes miraba el firmamento mientras de sus ojos las lágrimas no cesaban de brotar, al mismo ritmo que lo hacía la sangre de sus oídos.
El nivel del sonido había alcanzado tal cota que no escuchaba nada, creía haber quedado sordo.
La luz era tan intensa que su visión empezaba a quemarse.
Realmente era el espectáculo más bello que hubiese podido imaginar, sin embargo el hecho de estar asándose no ayudaba a apreciarlo como merecía.

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Capítulo 4 – Reo (I)

11 Abril 2008 at 2:15 pm (Capítulo 4, Introducción)

Las manecillas del reloj marcaban las seis de la tarde en el amplio salón de tía Reggina, junto al río Olt.
Reo miraba a través del amplio ventanal el manso transcurrir de las aguas a su paso por la población de Slatina.

Slatina era una humilde población, situada en las cercanías de Craiova, que había padecido los efectos colaterales de la rendición Ban.
Su extraña formación confería a Slatina una belleza especial.
Conformada a los pies de altísimas montañas, Slatina fué antaño un frondoso bosque, maraña verde de la cuál extrajeron sus habitantes la materia prima que les permitió establecer sus viviendas a orillas del río.
Tan solo una mínima parte de las construcciones eran de piedra. La casa de los señores Ban de la villa y la austera iglesia que diariamente oficiaba celebraciones y daba cobijo a los necesitados, se contaban entre ellas.
Este conjunto arquitectónico y paisajístico, parecían trasladar a todo visitante a otro mundo.

Bajo el cielo celeste del Olt, la casa de tía Reggina daba una impresión de paz profunda.
De líneas regulares y madera oscura, acorde con el resto de viviendas, la limpieza de sus ventanales traslucía no solo el interior de la casa, sino también el corazón y espíritu de la mujer que regentaba la construcción.

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