Capítulo 5 – La leyenda de un pasado (IV)

Eric, mirando a su abuelo con expresión de miedo dijo,
- Bueno, tendremos que entrar, ¿no?. Al fin parece que encontramos lo que buscábamos -.
- Esperemos que no esté ocupada -, respondió Siloy con una risita histérica de resignación.
Franqueada por un alto árbol totalmente seco, la cueva exhalaba un agradable calor.
Con paso precavido, y Siloy al frente se internaron en la cueva.
- ¡Eooo! -, gritó Siloy esperando la respuesta de algún animal, pero nada más que el silencio y su propio eco obtuvo por contestación.
Entraron en lo que era una enorme cavidad, que simplemente con resguardarles de la lluvia y proveerles de su propia calor les pareció un lugar propicio para descansar, casi como si encontraran un nuevo hogar.
No se adentraron mucho, y a pocos pasos de la entrada se acomodaron para descansar.
Siloy rompió algunas ramas del reseco árbol que franqueaba la entrada y ya más seguros en aquella cueva encendieron en poco tiempo un pequeño fuego, gracias a la habilidad que para ello poseía el viejo.
Se quitaron las ropas tendiéndolas a la lumbre y dentro del pequeño círculo de luz se secaron yaciendo desnudos sobre la dura roca.
Capítulo 5 – La leyenda de un pasado (III)

Cuando Siloy pronunciaba estas últimas palabras, un intenso trueno rugió en el cielo, rompiendo la tranquilidad de la noche, rasgando el hipnótico estado de Eric y sobresaltando a las tres solitarias figuras que se acurrucaban bajo un frondoso manto de ramas, en medio de la noche.
Casi de inmediato, una tormenta de desatadas proporciones sobrevino con ímpetu empapando rápidamente todo aquello que abarcaba.
- Será mejor que busquemos un refugio Eric, así no podemos pasar la noche, y si no lo conseguimos pronto, podemos acabar enfermando. El frío de la noche y la lluvia no son buenos para mis huesos -.
Esto decía el viejo Siloy mirando fíjamente el escaso fuego que quedaba y que poco a poco se apagaba con cada gota de agua que le golpeaba, hasta que finalmente quedaron a oscuras, totalmente expuestos al frío y la lluvia.
- Abuelo, creo que más allá de estos árboles pueden haber abrigos en los muros de piedra que vemos allá a lo lejos -.
Eric parecía preocupado de la situación en la que se encontraban, puesto que no parecía una tormenta pasajera. En aquellos lugares las aguas caían con fuerza durante días en muchas ocasiones.
Cogió a Todd entre sus brazos, cubriéndole del torrente de agua que sobre ellos se cernía y a paso ligero empezaron a dirigirse hacia los escarpados picos de la montaña, en cuyas cimas la nieve les observaba como recuerdo del intenso frío que sobre ellos recaía.