Capítulo 5 – La leyenda de un pasado (IV)

23 Julio 2008 at 9:28 am (1ª parte, Capítulo 5)

Eric, mirando a su abuelo con expresión de miedo dijo,
- Bueno, tendremos que entrar, ¿no?. Al fin parece que encontramos lo que buscábamos -.
- Esperemos que no esté ocupada -, respondió Siloy con una risita histérica de resignación.
Franqueada por un alto árbol totalmente seco, la cueva exhalaba un agradable calor.

Con paso precavido, y Siloy al frente se internaron en la cueva.
- ¡Eooo! -, gritó Siloy esperando la respuesta de algún animal, pero nada más que el silencio y su propio eco obtuvo por contestación.
Entraron en lo que era una enorme cavidad, que simplemente con resguardarles de la lluvia y proveerles de su propia calor les pareció un lugar propicio para descansar, casi como si encontraran un nuevo hogar.
No se adentraron mucho, y a pocos pasos de la entrada se acomodaron para descansar.

Siloy rompió algunas ramas del reseco árbol que franqueaba la entrada y ya más seguros en aquella cueva encendieron en poco tiempo un pequeño fuego, gracias a la habilidad que para ello poseía el viejo.
Se quitaron las ropas tendiéndolas a la lumbre y dentro del pequeño círculo de luz se secaron yaciendo desnudos sobre la dura roca.

Ya más relajados, Eric dijo,

- Abuelo, termina de contar la historia de Carzas y Phento, estoy realmente intrigado con lo que pasó -
- Anda, si al final no seré tan aburrido como a veces me dices, ¿eh? -, juntos rieron desnudos a la ténue luz del fuego, liberándose del poco nerviosismo que aún les quedaba.
Mientras, Todd con cara de pocos amigos conseguía abrir a medias un soñoliento ojo, antes de seguir durmiendo.

- Bueno, si tanto te gusta, voy a acabar de contarte lo que sé. A ver….., ¿por dónde íbamos? -, preguntó Siloy haciendo memoria.
- Decías, que apareció un nuevo ser, capaz de modificar el mundo a su antojo, y Phento despertó al percibirle -, le recordó Eric a su abuelo con tono de impaciencia y burla a la vez.
- A sí, ya recuerdo. Sigamos pues.

Una figura surgió del corazón del mundo, ahora de piel más oscura, Phento expandió sus enormes alas y estiró su cuerpo al máximo desentumeciéndose mientras gritaba ferozmente como aviso de su regreso.
Batió sus formidables alas elevándose sobre la fría nieve en busca de su respuesta.

Carzas captó el regreso de Phento, y en su corazón supo que no era casualidad la coincidencia de la aparición de este nuevo ser con la vuelta del oscuro ser.
Quedó recluido en sus dominios, sin dejarse ver prácticamente por nadie.
Aquellos que le acompañaron en aquellos días sufrieron con tan sólo estar en su presencia.
Su tristeza llegó a tal extremo que trascendía su ser y afectaba su entorno.
Temía lo peor, sabía lo que podía suceder, y en su mente ya veía claro lo difícil que iba a resultar no afectar al mundo en un sentido o en otro, debía actuar con sumo cuidado.

Alejándose de altas montañas y frías temperaturas, como un oscuro cometa, la enorme y amenazante figura de Phento siguió su percepción hacia donde se encontraba aquél ser vivo.
A su paso los animales huían de su trayectoria en el cielo, evitando alzar sus ojos, con el corazón desasosegado corrían a esconderse.
Las flores, el verde de los árboles y la hierba, todo se marchitaba y caía al suelo.
El sonido desaparecía, dejando paso a un tenso silencio que helaba la sangre, y la luz se ocultaba bajo un manto antinatural, impenetrable.
A tierras mucho más bajas y más cálidas volaron sus alas.

Finalmete sintió la presencia de este nuevo ser, y descendió a su encuentro.
Captaba lo especial de esta especie, sus matices, su diferencia.
Cuando se posó sobre el suelo lo hizo en medio de un pequeño grupo de estos seres, que quedaron paralizados sin poder hacer otra cosa que mirar boquiabiertos la imponente criatura que llegaba del cielo, en medio de la oscuridad.
Parecían asustados. Los más pequeños se arremolinaban en torno a aquellas que parecían ser hembras. Los más grandes se adelantaron con primitivos instrumentos en sus manos en posición amenazante, más por su deber de defender a los suyos que por su fe en salir vivos frente al terrorífico visitante.

Durante los interminables años de soledad, Phento había logrado desarrollar enormemente su mente. Puesto que requirió de inmovilidad física durante todo aquel tiempo, aprovechó para interesarse en otros campos que no fueran los puramente físicos y se sorprendió al descubrir que muchas de las habilidades que creía reservadas para Carzas eran dominadas por él mismo.
Aprendió a utilizar su mente, y a llegar a la de los demás.
A través de la mente, habló al que parecía el más fuerte y por tanto debía ejercer de cabeza.

- No temáis, no vengo a haceros daño -.
Estos pensamientos transmitidos a través de la mente trascendían todo lenguaje y diferencia fonética, expresando directamente imágenes, conceptos que Phento se esforzó en hacer comprensibles para la primitiva criatura.
Esta pareció sorprendida, con gesto contrariado se relajó visiblemente destensando su cuerpo y bajando su arma.
Se giró y con una serie de sonidos guturales indicó al resto del grupo que se tranquilizaran y bajasen las armas.
Las criaturas hicieron lo que les indicó su líder, bajaron las armas y se acercaron poco a poco a Phento atraídos por su perfección.
Le observaban fascinados, con expresiones donde asomaba el miedo, pero su naturaleza les impulsaba a descubrir quién era el misterioso ser que les visitaba.

Phento continuó hablando al líder,
- He viajado durante mucho tiempo para encontraros, os he estado esperando impacientemente -.
La criatura se esforzaba por entender, pero parecía demasiado asustada para comprender.
Phento sin embargo no perdió la compostura y avanzó con paso firme hacia el líder.
Cuando empezó a moverse, las criaturas que se arremolinarban a su alrrededor huyeron despavoridas, dispersándose hasta guardar una distancia que consideraban segura.

A su paso la tierra que pisaba se resquebrajaba y era desgarrada, sus imponentes alas se balanceaban tras sus anchas espaldas.
La aterrorizada criatura contemplaba su avance fascinada, sin apartar la vista ni un segundo de sus intimidantes astas.
La fuerte y grande mano de Phento se posó sobre la cabeza de la criatura, y cuando esta temía lo peor, cuando todos esperaban ver morir despiadadamente a uno de los suyos, a su líder, la criatura empezó a sentir lo que Phento quería transmitirle.

Era una forma de comunicacion mucho más perfecta de lo que jamás nadie había imaginado, una comunicación dirigida directamente a los sentimientos.
Poco a poco, en progresivo aumento una profunda sensación de paz invadió el corazón de la criatura, que se mostró mucho más receptiva a Phento.
Con esto, le fue muy sencillo transmitir lo que quería a estas criaturas, que acabaron por adorarle reconociendo su perfección y superioridad.
Al fin Phento construía su propio reino, tenía su propio pueblo, era el líder que siempre había deseado.
Pronto, toda la nueva raza de seres se unió a él, y veloz, como el viento que lleva la vida, como la luz que transmite el calor, como la sangre al alimentar el cuerpo, así llegó hasta Carzas un nuevo pensamiento, un nuevo concepto que aclararba lo que Phento pretendía, que dejaba totalmente al descubierto aquello que la parte oscura quería realizar, sus intenciones frente al mundo.

- Así que has regresado Phento, y veo que tu naturaleza finalmente ha ganado a tu voluntad -, las palabras de Carzas revelaban la tensión del momento.
Las cartas quedaban boca arriba sobre la mesa, el tapete del mundo se preparaba para recibir el desenlace de su historia.
Milenios después de su llegada la madurez de una eternidad se empezaba a entrever, y aunque el tiempo transcurrido no era más que un leve suspiro en el global de su realidad su propia naturaleza hizo que no quedara más remedio que llegar a la situación a la que llegaron.

Phento estaba preparado al fin, pero Carzas no deseaba este desenlace, aunque en su interior desde un principio tuvo claro que tarde o temprano todo desembocaría en tal situación.
Ahora la oscuridad empezaba a avanzar en el mundo, y por primera vez, la realidad se descompensaba, el mundo se tambaleaba bajo el encuentro de los dos extremos de la existencia.
Pronto, Phento se dirigió al encuentro de lo inevitable, seguido de su numerosa horda de seres, buscaba terminar con su opuesto, acabar con Carzas.

Al fin había construido su reino, y a su paso el mundo se volvía oscuro, la vida fuera de su adoración se extinguía, y la tierra se teñía de sangre.
La luz no era un problema, simplemente se alejaba ante su presencia, y el miedo parecía emanar de su ser.
Durante la noche, el retumbar de infinitos pasos hicieron temblar la tierra y una profunda voz rasgó el bello silencio del reino de Carzas.

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