Capítulo 5 – La leyenda de un pasado (V)

La paz se rompió, la belleza cesó, la vida se tambaleó.
- Phento, ¿por qué deseas tal fin? -, la cálida y profunda voz de Carzas llenó el cielo.
- ¿Acaso quieres hacerme creer que no sabías lo que tenía que pasar?, ¿tanto te acomodaste señor de la luz? -, su tono burlón dejó traslucir la seguridad que en Phento aumentaba a cada instante.
- Por supuesto que conocía esto, señor de la noche, y conozco tus respuestas, ¿o acaso crees que no sé lo que hiciste, ni tus intenciones? -, inquirió Carzas.
Desde la boca del su mundo, Carzas surgió a través de una oscura y profunda gruta situada en la cima de la más alta montaña de su reino, como torre vigilante erigida en el corazón de un interminable bosque, ahora prácticamente arrasado por Phento, y lo hizo en medio de una impenetrable oscuridad, aquella que arrastraba consigo su opuesto.
El bosque quedaba infestado de siervos de Phento, mientras que el reducto de Carzas albergaba a todo ser vivo que pudo huir de su paso y del de su cruel horda.
Phento subió con facilidad en un vuelo limpio, bajo y lento hasta situarse frente a Carzas, donde se posó con majestuosidad sobre la dura roca de la montaña.
Carzas quedó mirando al recién llegado analizando sus cambios, y en efecto los había.
Su piel ceniza se había oscurecido notablemente, su expresión era ahora mucho más arrogante, de una vileza que superaba las peores espectativas creadas en su mente; las astas eran ahora más impresionantes si cabe, al igual que sus alas.
Phento había crecido, había madurado con el tiempo, y Carzas imaginaba que lo mismo le habría sucedido a si mismo, aunque de ello no estaba seguro.