Capítulo 6 – Decisiones precipitadas (II)

Agudizó el oído, obligándose a contener su agitada respiración al tiempo que se acercaba a la pared en un vano intento de esconderse.
En esos momentos le huiese gustado poder fundirse con la fría piedra para evitar que lo descubriesen.
Eran pisadas, fuertes pisadas de más de un individuo que bajaban en su dirección.
Unas hoscas voces se escuchaban vanamente, aunque el joven era incapaz aún de descifrar aquello que decían.
Si no hacía algo rápido le atraparían, no tenía mucho tiempo.
Cuando los pesados pasos se encontraban ya muy cerca, la mano de Arthur, con un rápido impulso inconsciente se lanzó hacia la deteriorada puerta. Empujó con todas sus fuerzas pero estaba cerrada.
No tenía más tiempo y tenía que decidir, huía o se enfrentaba a quien bajara.
Su mente quedó en blanco, los pasos se acercaban, las voces se hicieron claras y en cualquier momento asomarían en el recodo de la interminable espiral los cuerpos de aquellos que se dirigían hacia él, sin embargo no lograba reaccionar.
En el último momento, cuando ya se daba por presa, su cuerpo reaccionó como saliendo en ayuda de su mente. Tal vez eran los instintos primarios, Arthur no lo sabía, no podía pensar con claridad, sólo sabía que su cuerpo había tomado el control de su persona y había optado por la opción de huir en el último momento.
Dió media vuelta y empezó a andar. Lo hacía lo más rápido que su situación le permitía para no hacer ruido y que no le escucharan sus perseguidores, sin embargo temía que su ritmo no fuera suficiente para burlar los rítmicos pasos de los desconocidos.
- Me comentó Radu que el rey marchó a batalla -, comentó una voz dura, como de un hombre entrado en años.
- Sí, eso se rumorea en las plazas interiores, que partió esta misma noche, no se por que no me extraña que no nos haya mandado llamar -, contestó una segunda voz, esta más joven y a la vez más nerviosa.
- Ya sabes que últimamente no contamos mucho para él -, comentó el primero con voz algo malhumorada.
Arthur mientras caminaba intentando mantener las distancias, apretaba la mandíbula y los puños, rezando para no encontrarse a nadie de frente, mientras de nuevo la adrenalina empezaba a hacer efecto en él y agudizaba el oído por si decían algo de su hermana Sarah.
Una tercera voz habló, con tono lento y voz extremadamente grave.
- A mi personalmente esta situación me preocupa. Nuestro rey se comporta de un modo totalmente anormal desde hace un tiempo. Bien es cierto que Vlad siempre ha sido especial, ha creado fama por su especial brutalidad, pero desde hace un tiempo…. no sé, creo que esto es demasiado incluso para Vlad, lo que hace me tiene desconcertado. Nos ha recluido aquí y prácticamente no nos llegan noticias de lo que está pasando. Aunque si os digo la verdad prefiero no saber nada, lo poco que llega es aterrador. ¿Se habrá vuelto loco de verdad como algunos dicen? -.
- También dicen otras cosas, ya sabéis … -, replicó el segundo con voz temblorosa – no es normal que un rey cometa las atrocidades que está cometiendo Vlad, al menos con su propio pueblo -.
- No hables así, si nos oyen podemos terminar muy mal -, le reprendió el primero – pero sí es cierto que un reino tan pequeño como Valakia no debería despreciar ni un sólo hombre de su ejército y sin embargo Vlad nos ha relegado a un segundo plano -.
La conversación se ponía intersante, Arthur empezaba a conocer detalles que fuera de ese castillo no se habían escuchado y ello le animó a seguir escuchando mientras se esforzaba en no hacer ruido en la interminable bajada.
En ese momento, a lo lejos, se oyó el crepitar de una puerta. Unos pasos salieron al pasillo y empezaron a subir en dirección a Arthur.
Al joven le fallaron las piernas, la sangre se le heló y un nudo en la garganta le atenazó el alma que parecía a punto de salirle por la boca en forma de su corazón.
El momento más temido por Arthur se iba a producir, le perseguían al menos tres individuos en dirección a la oscurar puerta, mientras a la vez unos pasos se dirigían en dirección opuesta provocando una situación inevitable para el joven.
¿Qué debía hacer?, ¿sería mejor enfrentarse primero a los que le seguían de más cerca para después enfrentarse a quien subiera?, ¿tendría así más posibilidades?, mejor dicho, ¿tendría así alguna posibilidad?
Decidió que no, lo mejor era agotar hasta el último metro de pasillo mientras pensaba otra escapatoria.
Ahora a la vez que bajaba intentando no hacer ruido empujaba a su paso toda puerta con la que se cruzaba en su trayectoria, mientras los pasos de unos no le permitían pararse al tiempo que otros pasos cada vez más fuertes y poderosos se acercaban en dirección opuesta.
La conversación entre los individuos que le pisaban los talones continuó.
- Desde que llegaron ellos nos hemos convertido en un cero a la izquierda. Ahora sólo confía en su nueva guardia Moldava, mientras nosotros hemos sido relegados a meros centinelas de la ciudad -, continuó la primera voz cada vez más furiosa.
La tercera voz irrumpió con estridente exaltación, – Pues yo ya tengo ganas de salir a batalla, anhelo el fragor de la justa, el olor de la muerte, el tacto de la sangre, la lluvia de gritos, el refulgir de las espadas y el estruendo de los caballos mientras pisotean los cráneos de aquellos que han caído, ¿acaso cree que ya no somos válidos?, hemos servido a Valakia muchos años, muchas batallas y la guardia Moldava se hizo con gran fama gracias a cada uno de nosotros, a cada gota de nuestro sudor y nuestra sangre -.
Mientras bajaban y la conversación subía de tono, las pisadas se hacían más evidentes, Arthur estaba cada vez más desesperado y ya casi corría de modo suicida al encuentro de las pisadas que subían.
Un ligero olor, como a almizcle, desagradable hasta el extremo empezó a flotar en el ambiente y a Arthur le saltaron todas las alarmas del subconsciente. No sabía porqué, pero el terror empezó a nublar su conciencia.
La segunda voz cortó de golpe el encendido discurso de la tercera, y lo hizo con tono suave, casi como con miedo de hacerse escuchar, – Sé que no solemos verlos de cerca pero, ¿acaso no recuerdas como son?, ¿ te has cruzado alguna vez con ellos?, ¿has escuchado su gélida presencia en la noche?, su sola presencia asusta, a mi se me hiela la sangre cada vez que veo a uno de ellos, casi no me atrevo ni a hablar de ellos y eso que están de nuestra parte -.
- Deben ser formidables en batalla, sólo hay que acercarse a uno para ver lo extraordinario de su físico.
No sé exactamente cuántos son, pero sí se que son más bien pocos y sin embargo han arrasado a todo aquél que se atrevió a desafiar a Valakia, dicen además que sin sufrir una sola baja -, comentó el primero en tono de admiración mezclado con temor.
- ¿Alguno de vosotros recuerda haberles visto llegar?, de hecho nadie lo recuerda, parece como si hubiesen aparecido de la noche a la mañana en el patio del castillo -, dijo el tercero.
La conversación continuaba al ritmo de sus pasos, al ritmo que la humedad del ambiente se cargaba y Arthur sudaba cada vez más, sacando fuerzas de donde no creía tenerlas.
Los pasos ascendentes se hicieron mucho más evidentes y el joven sabía que en cualquier momento iba a encontrarse cara a carar con aquél que subiera.
El que en un principio fuera un ligero olor se convirtió en un terrible hedor que empezó a saturar los sentidos de Arthur. Una profunda olor a muerte y restos orgánicos en descomposición que hicieron mella en el joven, empezando este a ver nublado y llegando incluso a trastabillar.
Por suerte pudo contener su caída y su traspiés no fue notado por sus perseguidores.
Las esperanzas de Arthur se desvanecían, ¿podría salir indemne de aquella situación?
Tan solo el terror que se apoderaba de su ser era suficiente para hacerle seguir aunque sabía que le vendría justo para encontrar de cara aquello que le estaba haciendo perder el conocimiento, aquello que despedía aquél inmundo olor.