Capítulo 6 – Decisiones precipitadas (III)
La conversación continuaba mientras el nauseabundo olor a podredumbre aumentaba. Arthur se preguntaba si sus perseguidores no repararían en ello. El agobio ahogaba al joven y la desesperación empezaba a hacerse con el control de sus nervios.
- A mi no me preocupan ellos, lo que me preocupa es Vlad. El señor está muy extraño últimamente, y no me diréis que lo que se comenta que está sucediendo tanto en este castillo, como en la ciudad, no asusta -, inquirío el primero con asustadiza voz.
- Sí, tienes razón -, convino el segundo.
- La verdad es que sí -, añadió el tercero.
Los pasos ascendentes parecían estar a pocos metros y Arthur paró de golpe pegando su espalda a la pared, sus ojos cerrados, con la sudor bañando todo su cuerpo mientras escalofríos recorrían su ser esperando ver de un momento a otro a cualquiera de sus perseguidores aparecer por el recodo del pasillo descubriéndole con las fatales consecuencias que esto le acarrearía.
Sin embargo nada sucedió, al cabo de unos segundos Arthur abrió los ojos incrédulo y desorientado al no ver aparecer a nadie.
Aguzó su oído, …, nada.
Los pasos, las voces, el olor, todo había desaparecido, sin embargo el joven no se atrevía siquiera a pestañear, no respiraba y con los ojos desorbitados ante la tensión de su situación esperaba que de un momento a otro todo se desencadenara en tragedia.