Capítulo 4 – Reo (I)
Las manecillas del reloj marcaban las seis de la tarde en el amplio salón de tía Reggina, junto al río Olt.
Reo miraba a través del amplio ventanal el manso transcurrir de las aguas a su paso por la población de Slatina.
Slatina era una humilde población, situada en las cercanías de Craiova, que había padecido los efectos colaterales de la rendición Ban.
Su extraña formación confería a Slatina una belleza especial.
Conformada a los pies de altísimas montañas, Slatina fué antaño un frondoso bosque, maraña verde de la cuál extrajeron sus habitantes la materia prima que les permitió establecer sus viviendas a orillas del río.
Tan solo una mínima parte de las construcciones eran de piedra. La casa de los señores Ban de la villa y la austera iglesia que diariamente oficiaba celebraciones y daba cobijo a los necesitados, se contaban entre ellas.
Este conjunto arquitectónico y paisajístico, parecían trasladar a todo visitante a otro mundo.
Bajo el cielo celeste del Olt, la casa de tía Reggina daba una impresión de paz profunda.
De líneas regulares y madera oscura, acorde con el resto de viviendas, la limpieza de sus ventanales traslucía no solo el interior de la casa, sino también el corazón y espíritu de la mujer que regentaba la construcción.
Capítulo 3 – Sarah y Arthur (II)

A primera vista, se trataba de un hombre de estatura media, tal vez un poco bajo respecto al resto de los ciudadanos, aunque también era cierto que se le veía siempre junto a los enormes soldados de la guardia moldava, a cuyo lado, en comparación cualquiera hubiera aparentado muy poca cosa. Sin embargo el monarca compensaba su altura con un ostensible volumen corporal que se adivinaba bajo sus ricos ropajes.Vestía con la dignidad propia de su posición, pero a la vez demostrando su liderazgo sobre sus tropas.
Calzaba fuertes botas de piel marrón, con pantalones similares a los de la guardia moldava, negros como la noche.
Sus fuertes brazos quedaban al desnudo, como si las temperaturas del invierno no fueran notadas por su piel. Sin embargo sobre su cuerpo, a diferencia de su guardia, llevaba una rica y ornamentada armadura.
Se trataba de una coraza realizada del mismo material que su trono, y tallada sobre esta la figura de un bellísimo y a la vez terrorífico murciélago causaba una impresión de fasciante atracción a cualquiera que lo viera.
Resaltaba su majestuosidad una oscura capa, sobre la que caían sus rizados cabellos. Bucles negros conformaban su pelo que nacía en una cabeza achatada por los lados, exagerando aún más el tamaño de su afilada nariz.
Unos ojos negros como la noche, que parecían encerrar su verdadera naturaleza conferían un aspecto de cierta locura y siniestro efecto como un aura que envolviera su ser. Su piel era tremendamente pálida, con un toque enfermizo y sus facciones se marcaban sobremanera en su cara, tan solo oscurecida por una recortada perilla que enmarcaba su amortecida boca.
Bajo el brazo llevaba un impresionante yelmo, que simulaba con pasmosa fidelidad la cabeza de un mirciélago, agregando como alegoría a sus actos unas diabólicas astas demoniacas a los lados.
Ceñida a su cintura una imponente espada, enfundada en una ornamentada vaina de color negro azabache, ornamentada con extraños símbolos hechos en oro.
Capítulo 3 – Sarah y Arthur (I)

Dos sombras en uno de los laterales del gran salón del trono, en el interior del castillo de Targoviste, cuchicheaban mientras esperaban impacientes la llegada del monarca.
Se trataba de un hombre y una mujer, venidos del límite sur de la extensión Valaka, concretamente de la ciudad de Craiova.
- ¿Sabes Sarah?, la verdad es que me puede más el miedo a lo que es capaz este hombre que los nervios de estar a punto de ver a nuestro rey. -, Arthur, con voz grave y cabizbajo, reseñaba bajo esta frase su resignación ante la visita que su condición de mensajero le obligaba a realizar con tal urgencia, y siguió diciendo, – sin embargo, la curiosidad es en parte más grande que esos sentimientos. Me gusta comprobar por mi mismo las cosas, y el hecho de ver si es cierto lo que dicen de él me intriga. -
Sarah, con tan sólo 20 años parecía aguantar la tensión del momento mejor que el joven Arthur. Bajo una fría e impenetrable capa de dignidad, intentó disimular su nerviosismo,
- Si te digo la verdad Arthur, y si eso te hace sentir mejor, este es el último lugar donde me gustaría estar -.
Su largo cabello negro, movió un ápice sus amplias ondulaciones al sentir su esbelto cuerpo el temblor provocado por un leve escalofrío incontrolado a su intento de huir del pánico que le proporcionaba este encuentro.
- Sabes lo que se dice de él, ¿verdad?. No en vano se ganó su sobrenombre de demonio. -
Sarah empezaba a dejar traslucir su inquietud, sin embargo al darse cuenta de esta circunstancia recobró la compostura rápidamente irguiéndo su espalda para resaltar las generosas curvas de su cuerpo bajo el vistoso uniforme militar que aderezado con una majestuosa capa roja, resaltaba el claro color plata de su cota de malla, ajustada a su cuerpo.
Ceñida a su cintura una espada, en perfecto estado, y calzada con unas adecuadas botas de piel, transfería la sensación de gran magnificencia, acentuada con el vistoso yelmo que mantenía bajo el brazo.
Capítulo 2 – Eric (II)

Pasaron de este modo varias horas, incapaces de moverse, presos de un terror que les atenazaba aún más que el intenso frío que arreciaba la noche.
Gritos lejanos y el reflejo de la luz de un gran fuego en dirección al centro de la ciudad les despertaron del profundo shock en que estaban inmersos.Poco a poco, con sumo, cuidado, buscando las sombras que la noche les proporcionaba, vagaron por las estrechas y angostas calles.
Eric, con Todd entre los brazos. Siloy por su parte más por desesperación de buscar a sus familiares que por curiosidad, fue moviéndose y guiándoles en dirección a los aterradores gritos de mujeres y hombres, así como los desgarradores llantos de niños, entre las sádicas risas y demoniacas carcajadas de hombres.
A cada paso que daban un olor a carne chamuscada y a muerte cada vez más fuerte, les embargaba.
Finalmente asomaron a un callejón estrecho, bañado por el resplandor de una enorme pira.
Este callejón desembocaba en la plaza principal de la ciudad de Targoviste. Y ya desde allí los gritos eran ensordecedores, al tiempo que sobrecogedores.
Dos figuras andrajosas se acercaron al borde del callejón, refugiándose en el portal más cercano al final de este, con intención de que al mismo tiempo les permitiera ocultarse mientras observaban qué sucedía.
Capítulo 2 – Eric (I)
Eric, joven de 13 años cuyos ojos azules resaltaban en su pálida y sucia cara, caminaba junto a Todd su pequeño cachorro, y Siloy su abuelo. Restos de la deshauciada y desgraciada família que solo unas horas antes conformaban un total de seis componentes.Huían de Targoviste, capital de Valakia, debido a lo sucedido esa misma noche, desencadenado por la inexplicable e inagotable locura de su rey, Vlad III. El sol empezaba a asomar por el horizonte, y las dos sombras caminaban en actitud reflexiva, silenciosa. Lo mejor era buscar otro lugar donde empezar de nuevo.
Su abuelo, Siloy, caminaba con la cabeza gacha, la expresión derrotada, la vista perdida en el suelo, como recordando aquello que no deseaba revivir.
Eric, joven despierto e inquieto por todo lo que le rodeaba acababa de vivir el episodio más terrorífico y traumático de su corta vida.
Finalmente se atrevió a romper el espeso silencio para decir a su abuelo con voz profundamente indignada y rota de dolor, presa de la desesperación.
- ¿Por qué hicieron eso?, ¿cómo hay gente capaz de hacer tanto daño, causar tanto dolor? -, la ténue brisa removía lévemente sus ropajes harapientos y su deshecho peinado.
Su abuelo levantó casi imperceptiblemente la mirada hacia el muchacho, marcando considerablemente sus arrugas, fruto de su edad, dejando en evidencia su más que ostensible suciedad y con unos ojos llenos de tristeza, vacíos de alma, sin vida, confiriéndole un aspecto extremadamente triste, más como un cuerpo sin vida capaz de caminar a duras penas, que un ser humano.
Este con un hilo de voz, llena de amargura respondió a su nieto con la máxima dulzura de que fué capaz.
Leer el resto de esta entrada »
Capítulo 1 – Joanne

La fría brisa nocturna, helada como un hálito del más allá despertó a la joven Joanne de su ligero sueño.Empapada en sudor e inquieta se levantó al ver que la ventana de su habitación estaba abierta de para en par, meciendo las vaporosas cortinas blancas cual fantasma intentando llegar a ella.
Al otro lado, las calles de Brasov, una de las más importantes ciudades de Valakia, desiertas a esa hora, solo estaban ligeramente iluminadas por el inseguro reflejo de las llamas encendidas en toscas antorchas.
Su juventud, tan solo 18 años, le transmitía aún inseguridad y miedo en estas noches, sobretodo cuando no recordaba haber dejado la ventana abierta, como sucedía en esta ocasión.
Con paso inseguro y adormecido intentaba alcanzar la ventana, cruzando la espaciosa habitación al ritmo que su corazón palpitante le permitía.
Al separarse unos pasos del lateral de su cama un rápido viento corrió tras ella, tan solo un instante, casi como si alguien hubiera pasado rápidamente a sus espaldas. Ella por su parte, solo veía sombras, sin embargo poco a poco sus ojos distinguían formas a su alrededor.
¿Había alguna figura en el rincón más alejado de la habitación?
Bienvenidos

Saludos amigos y buscadores de la verdad.
Bienvenidos a un blog diferente, que seguro no les dejará indiferentes.Este blog está compuesto por una serie de entradas que irán conformando el relato verídico de aquello que un día pasó en el reino de Valakia, durante el siglo XV. Está transcrito de un antiguo manuscrito oculto en una catedral Rumana. San Nicolás de Oradea, fue el lecho de una historia anclada en el corazón de la Europa Medieval, durante el reinado de Vlad Tepes en la dura Valakia. Esta catedral escondió todo este tiempo el texto original que un día dejó alguien con la esperanza de que su testimonio previniera a generaciones venideras.
Ahora, más de 500 años después vamos a destapar un relato que fue tomado por leyenda, pero descubrirán su realidad a través de sus palabras.
Les invito a acompañarme, en este espeluznante hito de la humanidad.
Gracias. Un saludo.